me gusta esperar micro en la intermodal, se presta para unir a la comunidad. La nuestra era la comunidad de 'la 211c' -que de 'c' no tiene nada-. Conocí al chico dubitativo, no sabía donde se ponía la micro, a la escolar enferma, debe haber estornudado sus 50 veces y estoy rogando que no halla tenido Ah1n1, al flaite simpaticón, al papá agradable por fuera pero traicionero por dentro-cuando llegó la 201c nos cambió-, la niña joven con pololo viejo-y feo-, la típica mamá preocupada y al guapo sabelotodo: 'es que la micro para aquí y la cola queda hacia allá, porque si para allá no podría entrar la micro siguiente y blá, blá, blá'.
Por media hora me sentí ejerciendo el comunismo, apalee la espera con estos únicos e irrepetibles personajes y por lo mismo los plasmo aquí, porque sé que no los volveré a ver y los olvidaré.
Cuando nos subimos a la micro elegimos asientos diferentes y nos volvimos unos completos extraños, nuevamente.
Al bajarme de la 211c alcancé a divisar al niño dubitativo en el último asiento de la micro, nuestras miradas se cruzaron por segundos pero, olvidé sonreírle.
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